NOVENA AL SEÑOR DE LOS MILAGROS DE BUGA

Señor de los Milagros de Buga

Señor de los Milagros — Basílica de Guadalajara de Buga, Colombia

NOVENA AL SEÑOR DE LOS MILAGROS

Basílica Menor del Señor de los Milagros — Guadalajara de Buga, Colombia

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Señor de los Milagros, te damos gracias porque a una indiecita, en los comienzos de nuestra historia latinoamericana, la hiciste instrumento de tus maravillas.

Aquella mujer nos recordó que más importaba la libertad de un hombre, que la posesión de una imagen.

Suscita en nosotros el recuerdo de esta lección evangélica siempre que nos postremos ante ti, Señor de los Milagros, para pedirte un favor o agradecerte un beneficio.

Acrecienta nuestra fe en tu presencia, que se manifiesta de diversos modos, ya te adoremos en la Eucaristía, ya te consideremos en tu Evangelio, o cuando nos postremos ante tu cruz, o te veamos en nuestros hermanos, especialmente en los que sufren.

Bendícenos misericordioso a todos e inspíranos deseos sinceros de una vida más cristiana y más entregada al servicio de nuestros hermanos. Amén.

Día Primero

Los caminos de Dios
+

Jesús declaró un día: "Te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mostrado a los sencillos las cosas que escondiste a los sabios y entendidos" (Lucas 10,21).

Por eso, el Padre Dios se sirvió de una mujer humilde y pobre, de una indígena lavandera, para entregarnos por ella la imagen de su Hijo muerto y resucitado. La mujer sencilla ahorraba dinero y trabajaba con el fin de mandar esculpir una imagencita de Jesús Crucificado. "Tanto amó Dios al mundo, que envió a su propio Hijo, para que todo aquel que crea en Él tenga vida eterna" (Juan 3,16).

  • Meditemos estas frases del evangelio, mientras contemplamos la cruz luminosa del Señor de los Milagros.
  • Pidamos al Señor la gracia deseada.
  • Hagamos un propósito concreto (saludar a los vecinos, orar por una persona enferma, etc.).

Plegaria:

Jesús, tú viniste por los enfermos y los pecadores. Por eso, me vuelvo hacia ti y quiero pedirte que sanes mi alma y mi cuerpo. No existe pecado ni enfermedad que tú no puedas curar con tu palabra omnipotente. Tú eres el Dios con nosotros; te pido que transformes mi vida.

María, Madre del Redentor, ora conmigo para que pueda obtener la gracia de la sanación, no sólo para mí, sino también para aquellos por quienes deseo interceder ante el Señor. Amén.

Padre Nuestro… — Ave, María… — Gloria al Padre…

Jaculatoria: ¡Gracias, Señor, por habernos hecho cristianos! ¡Auméntanos la fe!

Práctica: Recorrer el Viacrucis o meditar los pasos ante un crucifijo.

Día Segundo

El prójimo, imagen viva de Cristo
+

Ya tenía la indígena el dinero necesario para mandar hacer la imagen: setenta reales. Pero supo que a un padre de familia lo llevaban a la cárcel porque le debía a un usurero precisamente esa suma. Y el dinero ahorrado para comprar el crucifijo sirvió para dar la libertad a aquel hombre. "Estuve preso y se interesaron por mí… pues todo lo que hicieron por uno de mis hermanos más humildes a mí me lo hicieron" (Mateo 25,36.40).

  • Meditemos estas palabras del evangelio, mientras contemplamos la herida del costado.
  • Pidamos al Señor la gracia deseada.
  • Hagamos un propósito concreto (ayudar a una persona necesitada, dar un buen consejo, etc.).

Plegaria:

Señor Jesucristo, muchas veces he olvidado mirarte en el espejo de quienes necesitan una ayuda de mi parte. ¡Sáname de mis vicios y de las resistencias para hacer el bien a los demás!

María, nuestra Señora de Caná, alcánzame la gracia de preocuparme por los demás y servirles desinteresadamente. Amén.

Padre Nuestro… — Ave, María… — Gloria al Padre…

Jaculatoria: ¡Señor de los Milagros, haz que entre nosotros cesen los odios y reine la caridad!

Práctica: Recordar las obras de misericordia y ejercitarse en una de ellas.

Día Tercero

El Cristo de las aguas
+

La indiecita siguió lavando ropa en las aguas del Guadalajara. Un día, entre las espumas del río, observa un objeto brillante; era un pequeño crucifijo. Emocionada lo toma en sus manos, lo lleva a su choza y empieza a venerarlo con sencilla piedad.

También nosotros hemos encontrado a Cristo en las aguas, pues por las aguas del bautismo se imprime en nosotros la imagen viva de Jesucristo. "Todos ustedes, que fueron bautizados para unirse a Cristo, se encuentran revestidos de él" (Gálatas 3,27).

  • Meditemos estas palabras de san Pablo, mientras contemplamos las manos del Señor de los Milagros.
  • Pidamos al Señor la gracia deseada.
  • Hagamos un propósito concreto (leer y meditar un párrafo del evangelio, confortar a alguien, etc.).

Plegaria:

Padre de bondad, en nombre de tu Hijo Jesús renuncio a todo pecado y a todas sus seducciones. Tú eres mi Señor en la salud y en la enfermedad, en el éxito y en el fracaso, en la vida y en la muerte.

María, madre del amor hermoso, ayúdame a hacer a un lado todo lo que obstaculiza mi encuentro con Él. Amén.

Padre Nuestro… — Ave, María… — Gloria al Padre…

Jaculatoria: ¡Mi Dios y mi todo, no permitas que te pierda con el pecado mortal!

Práctica: Honrar al Milagroso en casa o en la iglesia con algún homenaje.

Día Cuarto

Una imagen vale más que mil palabras
+

La imagen de Jesucristo crucificado que presidía la choza de la indígena era para ella todo su tesoro. No era una invención humana; era un regalo que Dios había querido hacerle a ella y a todo su pueblo.

Quería sentirse como los primeros discípulos: "Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida, eso les anunciamos" (1 Juan 1,1-3).

  • Meditemos este texto bíblico, mientras contemplamos el rostro del Señor de los Milagros.
  • Pidamos al Señor la gracia deseada.
  • Hagamos un propósito concreto (hablar de Jesucristo con alguien, regalar una estampa de Jesús, etc.).

Plegaria:

Padre de bondad, me postro ante la imagen de tu Hijo, el Señor de los Milagros, porque en él hay sanación y liberación. Esta imagen me recuerda todo el amor que nos tienes y todas las gracias que nos concedes continuamente.

María, alcánzanos con tu intercesión el regalo maravilloso de que el rostro bondadoso de Jesucristo se refleje en todos los que meditamos esta novena. Amén.

Padre Nuestro… — Ave, María… — Gloria al Padre…

Jaculatoria: Dame, Señor, que con digna recepción de tus sacramentos, se aumente en mí la gracia.

Práctica: Ofrecer una Misa por la conversión de los pecadores más endurecidos.

Día Quinto

Crecimiento en Cristo
+

Una noche la indiecita oyó que la caja, dentro de la cual había colocado el crucifijo, traqueteaba y crujía. Se acercó y comprobó que la imagen había crecido y reventado la madera. Era ahora una imagen casi de tamaño natural, tal como se encuentra aún hoy en el camarín de la Basílica.

"Dios preparó a los suyos para hacer su trabajo de servicio, para hacer crecer el cuerpo de Cristo… Así seremos personas maduras, desarrolladas conforme a la estatura completa de Cristo" (Efesios 4,12-13).

  • Meditemos esta Palabra de Dios, mientras contemplamos los pies del Señor de los Milagros.
  • Pidamos al Señor la gracia deseada.
  • Hagamos un propósito concreto (no comer a deshoras, hacer ejercicio, etc.).

Plegaria:

Te pido, Padre misericordioso, que mi devoción al Señor de los Milagros se manifieste también en mi crecimiento como persona y como cristiano. Y tú, Señor Jesucristo, envía sobre mí y sobre mi familia el don de tu Espíritu Santo.

María, madre de la esperanza, protege con amor maternal la vida de los niños y de los jóvenes. Amén.

Padre Nuestro… — Ave, María… — Gloria al Padre…

Jaculatoria: A ti, Señor, todo honor y gloria. No permitas que me desaliente en tu servicio.

Práctica: Sobrellevar sin quejarse alguna humillación o privación.

Día Sexto

El Cristo Vencedor
+

Un visitador eclesiástico (en el año 1605) ordenó quemar la imagen tan desfigurada. En una ceremonia oficial, arrojaron la imagen a las llamas. Pero no se quemó; antes bien, empezó a sudar y a renovarse. La victoria de la imagen sobre el fuego recordaba la victoria más gloriosa de Jesús crucificado, vencedor del pecado y de la muerte.

  • Meditemos esta Palabra de Dios, mientras contemplamos los rayos luminosos de la cruz.
  • Pidamos al Señor la gracia deseada.
  • Hagamos un propósito concreto (crear mejor ambiente en el hogar, perdonar las ofensas, etc.).

Plegaria:

Señor, haz que el fuego de tu amor ilumine mi oscuridad. Que pueda yo amar a los demás con todo mi corazón, incluso a quienes me han lastimado. ¡Cúrame de la ausencia de amor en mis pensamientos, palabras y obras!

María, madre del Perpetuo Socorro, alcánzame la gracia de vivir siempre en la luz y transmitirla a los demás. Amén.

Padre Nuestro… — Ave, María… — Gloria al Padre…

Jaculatoria: Señor, no me dejes caer en la tentación y apaga las llamas de mis pasiones.

Práctica: Antes de terminar la novena hacer una confesión, como si fuera la última de la vida.

Día Séptimo

El Cristo que atrae multitudes
+

Cada peregrino que se postra ante la imagen ve con sus ojos un crucifijo, pero con la fe va más allá, hasta la presencia de Cristo resucitado. Así se realiza lo que Él mismo había proclamado: "Cuando sea levantado en alto, atraeré a todos hacia mí" (Juan 12,32).

  • Meditemos estas palabras del evangelio, mientras contemplamos la corona del Señor de los Milagros.
  • Pidamos al Señor la gracia deseada.
  • Hagamos un propósito concreto (orar ante un crucifijo, hacer una visita al Santísimo, etc.).

Plegaria:

Señor Jesús, tú abriste un nuevo camino de salvación cuando predicaste la paz y la verdad. Perdóname porque con mi indiferencia he dejado a otros en la cruz del sufrimiento. Atráenos a todos con el abrazo de tu amor.

María, madre del Perpetuo Socorro, gracias por mostrarnos a Jesús, vida dulzura y esperanza nuestra. Amén.

Padre Nuestro… — Ave, María… — Gloria al Padre…

Jaculatoria: Señor, haz que mi alma sea para Ti un templo adornado con todas las virtudes.

Práctica: En honor del Milagroso alumbrar cada año la Cruz de Mayo.

Día Octavo

Cambiar de cauce
+

Cuando los vecinos de Buga quisieron construir un templo al Señor de los Milagros, el río cambió de cauce hacia el sur. Sobre el lugar donde se suponía había sido hallada la imagen, se construyó la «Ermita», y, siglos más tarde, la actual Basílica.

El Señor nos exhorta a cambiar de ruta, a enderezar nuestros caminos. Con esta invitación empezó Jesús su predicación: "Cambien de actitud, y crean en el mensaje de salvación" (Marcos 1,14).

  • Meditemos estas palabras, mientras contemplamos la boca del Señor de los Milagros.
  • Pidamos al Señor la gracia deseada.
  • Hagamos un propósito concreto (meditar en el amor de Dios, hacer una revisión de vida, etc.).

Plegaria:

Te doy gracias, Señor Jesús, porque viniste a proponer un nuevo modo de ser personas y de vivir en fraternidad. Con tu perdón danos la fortaleza de tu Espíritu Santo para caminar por sendas de justicia y rectitud.

María, nuestra Señora del camino, ilumínanos con la estrella que brilla en tu frente y cúbrenos con tu manto protector. Amén.

Padre Nuestro… — Ave, María… — Gloria al Padre…

Jaculatoria: Señor, que tu nombre sea glorificado en toda la tierra.

Práctica: Aconsejar a los enfermos la Novena del Señor de los Milagros.

Día Noveno

El amor nos hermana en Cristo
+

Los devotos del Señor de los Milagros provienen de muchos lugares del país y del extranjero, como una inmensa fraternidad espiritual. El peregrino sabe que no pide solamente para él, sino que implora del Señor salud, paz y prosperidad para todos. "Oren unos por otros para alcanzar sanación. La oración fervorosa de una persona buena tiene mucho poder" (Santiago 5,16).

  • Meditemos estas palabras del apóstol, mientras contemplamos el rostro del Señor de los Milagros.
  • Pidamos al Señor la gracia deseada.
  • Hagamos un propósito concreto (cuidar la naturaleza, hacer una obra buena, etc.).

Plegaria:

Padre Dios, tú me creaste de tal manera que fuera capaz, por medio de mi servicio y mi amor, de alcanzar la felicidad aquí en la tierra y después contigo en el cielo. Renuncio a cualquier antipatía y rencor, y me decido por el amor.

María, madre del Señor y madre nuestra, ruega a él por mí para alcanzar la gracia que he implorado en esta novena. Amén.

Padre Nuestro… — Ave, María… — Gloria al Padre…

Jaculatoria: Señor de los Milagros, ten piedad de los pobres, de los enfermos y de los pecadores.

Práctica: Hacerse apóstol de la devoción al Señor de los Milagros de Buga.

GOZOS AL SEÑOR DE LOS MILAGROS

Milagroso, buen Jesús, sálvenos tu santa Cruz.
Bondadoso, buen Jesús, eres Vida, Gozo y Luz.

  1. Para salvar tus corderos te llamaste Buen Pastor, y con ese inmenso amor cruzaste nuestros senderos, Dios y hombre verdadero, nuestro guía y nuestra luz.

  2. El Reino fue tu programa, la justicia y la hermandad, la paz y la caridad que un nuevo mundo proclama y que el corazón inflama, Peregrino de Emaús.

  3. Admirable caridad de una indígena sencilla, que te obliga ¡oh maravilla! a volver una vez más para mostrar tu bondad, amable y dulce Jesús.

  4. Tras la noche más oscura se hace el mundo luminoso, porque el Cristo Milagroso —como un astro de luz pura— sobre los pueblos fulgura desde el árbol de la cruz.

  5. Multiplicas los portentos como en tu vida terrena, cambias en gozo las penas y en gracia los sufrimientos, a los tristes das contento y pan a la multitud.

  6. Vamos haciendo camino entre gozos y dolor. Mira al pueblo en aflicción, Samaritano divino, y que tu aceite y tu vino hagan fecunda la cruz.

  7. Oh Profeta de la vida, pregonero de la paz, concédenos superar la violencia fratricida. Cambia, Señor, las heridas en justicia y rectitud.

CONSAGRACIÓN AL SEÑOR DE LOS MILAGROS

Señor de los Milagros, porque te amo, he venido a visitarte para alabarte, bendecirte y darte gracias por tantos favores como me has concedido.

Señor de los Milagros, porque te amo, me arrepiento de todos los pecados que he cometido y con los cuales te he crucificado de nuevo en mi corazón; te prometo comenzar desde hoy una vida nueva.

Señor de los Milagros, porque te amo, quiero verte presente en cada uno de mis hermanos.

Señor de los Milagros, porque te amo, he venido a suplicarte como el leproso del evangelio: «Señor, si quieres, puedes curarme» (Mc 1,40). Cúrame, Señor, de la enfermedad del pecado y de las demás enfermedades que me hacen sufrir.

Señor de los Milagros, porque te amo, me consagro a tu servicio con mi familia, con mis seres queridos, con mis trabajos, problemas y alegrías.

Señor de los Milagros, porque te amo, quiero vivir siempre contigo durante la vida para vivir siempre contigo en el cielo.

Oh María, Madre del Perpetuo Socorro, presenta tú misma esta consagración a tu divino Hijo. Amén.

Fuente: Basílica Menor del Señor de los Milagros de Buga
Publicado por: Grupo de Hombres Divina Misericordia

Comentarios