LECTURAS DIA VIERNES 20 DE FEBRERO 2026
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Isaías (58,1-9a)
Esto dice el Señor Dios:
Palabra de Dios.
R/. Te alabamos, Señor.
SALMO RESPONSORIAL
Salmo 50, 3-4. 5-6a. 18-19
R/. Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias.
Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito, limpia mi pecado.
R/. Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias.
Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado.
Contra ti, contra ti sólo pequé, cometí la maldad en tu presencia.
R/. Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias.
Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
El sacrificio agradable a Dios es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú, oh, Dios, tú no lo desprecias.
R/. Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,14-15)
En aquel tiempo, los discípulos de Juan se le acercan a Jesús, preguntándole:
«¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?».
Jesús les dijo:
Palabra del Señor.
R/. Gloria a ti, Señor Jesús.
REFLEXIÓN:
La liturgia de hoy nos invita a profundizar en el verdadero sentido de la piedad y la penitencia. En la Primera Lectura, el profeta Isaías desenmascara un ayuno meramente externo y ritualista que convive con la injusticia y el maltrato al prójimo. Dios nos recuerda que el ayuno que Él prefiere es el de la caridad: romper cadenas, alimentar al hambriento y practicar la justicia. El Salmo complementa esta idea al enseñarnos que lo que Dios realmente valora no es el rito vacío, sino un espíritu arrepentido y un corazón humilde.
En el Evangelio, Jesús lleva esta enseñanza a una dimensión nueva: la presencia de Dios entre nosotros. Los discípulos no ayunan porque están en la fiesta de la salvación con el "Esposo". El ayuno cristiano, por tanto, no es un ejercicio de voluntad propia o una costumbre social, sino una preparación del corazón para encontrarse con el Señor y un acto de solidaridad con los que sufren. Ambas lecturas nos llaman a pasar de una fe de apariencias a una fe de compromiso real, donde la luz de Dios brille a través de nuestras obras de misericordia.
Referencia bíblica general:
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